quel invierno venía como eran entonces las
estaciones, se expresaba con la fuerza propia de su condición, era puntual a la cita,
apareciendo en su momento exacto, marcó en toda la chavalería de nuestra época una
impronta que nosotros en ese tiempo no podíamos ni sabíamos apreciar por nuestra propia
simpleza e ignorancia, al carecer de la instrucción y el conocimiento necesario a su
presencia, lo que sí nos hacía percibir de forma física e instintiva era su poderosa
arribada, y con aquel silencio estruendoso nos lo mostraba a través de aquellos días
más cortos, el cielo sin alegría, nubes amenazantes, el sol escondiéndose detrás
dellas y hasta el río y los regueros que hasta entonces habían mostrado sus corrientes y
movimientos de agua alegre y cristalina se había vuelto turbia y arisca, negándose a
mostrarnos sus fondos.
Había llegao el frío a esgalla, los turones que eran
capaces de hacer que las vertientes de los tejaos presentaran a nuestros ojos unos
espléndidos chupiteles escolingando como aquellos
maravillosos chupos que las chuperas nos traían en El
Cristo y la Fiesta, con aquellos colorines chillones y llamativos que parecían el
anuncio de una barbería, pues bien, allí debajo de los tejaos y mirando hacia
ellos nos poníamos con la boca abierta como los gurriatos en la época
de cría a la espera de que se deslieran y comenzaran a gotear su
composición hacía nuestra boca y entonces se desbocaba nuestra imaginación hacia
manjares deseados y empezaba a manifestarse a través de nuestras palabras con
comentarios tales como "este sabe a chambi, este
sabe a turrón, pues este sabe a jamón, el mío sabe a sopas
de ajo", ¡¡vamos, anda ya!! y se rompía el
encanto, nos has jeringao la imaginación, ¡¡vámonos!!, bendita
imaginación la de los niños y nosotros sí que teníamos y mucha.
Estos chupiteles
en forma de estalactitas efímeras nos indicaban además de beber su contenido y admirar
sus formas nos estaban vociando que la noche había sido muy dura al relente,
esta misma impresión nos era revelada en el reguero o las cunetas, abundantes en mi
niñez y que habiendo tenido la noche anterior agua en su regato, amanecían con unos
hermosos carámbanos de fuerte espesor y nosotros los buscábamos con
avidez, esas zonas umbrías y largas, ya que en ellas la duración del carámbano
era prácticamente igual al de la estación, y sobre aquel lecho cristalino que en el nada
veíamos virtudes a través de su transparencia, humedad y resistencia, haríamos uno de
nuestros juguetes preferidos, porque nosotros nos hacíamos nuestros juguetes y formas de
entretenernos, este era de los mejores, la resbaleta, era maravilloso, no
teníamos problemas, cada noche regeneraba su firme y nosotros lo único que hacíamos era
jugar, disfrutar y divertirnos, una carrerilla fuera y entrada en el carámbano
para deslizarnos a lo largo del reguero hasta donde nuestro impulso
nos llevara, y en medio de todo ello piruetas y riesgos pa demostrar
nuestra ¿hombría?, no, era nuestra inconsciencia, pero nunca pasó nada
grave, pancuazos en cada sesión de calidad y cantidad, cada uno
llevábamos una talega, estornicones y algún escalabro, y también disfrutaba
de nuestras resbaletas las chavalas, aquellas galanas
maravillosas de ojos grandes de ojos grandes y negros como cajas de betún, pelo suelto,
en trenza o en coleta, cuerpos esbeltos y palabras encantadoras, de la resbaleta
nos íbamos todos juntos, tras una soba a resbalar, también
teníamos resbaletas en la cagüergana y sobre las
cuevas en zona de yerba y musgo, en zonas con fuerte pendiente, pero las más apreciadas
eran las de hielo.
Aquella mañana
las campanas tocaban a muerto, pero no por ello el avisador infalible que era el reloj de
la Iglesia de Arriba estaba eximido de su actuación, y cuando llegó su hora, lo hizo, y
yo que estaba en la cama sabía que llegaba mi hora de levantarme y empezaba el sainete
diario. "¡¡Mundico, anda hijo levántate que ya son las 9 y cuarto,
dormitón!!", y yo vuelta pal otro lao, en aquellos colchones de lana mullida,
que me hundía en el centro como si fuera una sima donde esconderme pa que no me vieran,
allí bien acochao, así no tendría que ir a la escuela, pero ojo
que también he dormido en colchones de hoja de maíz y estos si que son escandalosos,
cada vez que te rebulles parece que están contigo el calambrias
de Mike Jagger y los Rollings Stones tocando su Brown Sugar de la bulla
que se forma, volviendo a la llamada, "¡¡Mundico venga levántate que ya son las 9
y media y llegas tarde a la escuela!!", y en ese momento te quitan el cobertor, ¡¡uuuuuuuuuuuffffffffffffffffffff!!,
que frío y empiezaba a espurrirme y me bajaba y
cuando llegaba a la portalina y veía el caldero con el carámbano entonces
ya me metía en la cocina de horno y con la cazeta sacaba del pote
un poco de agua caliente y la echaba en la palancana. Os voy a decir
una cosa, pero no se lo digáis a naide, yo en este tiempo me lavaba como
los gatos, eso sí, la pastilla de jabón lagarto la mojaba pa que la
vieran, me peinaba y tiraba el agua, con las tenazas cogía unas brasas
y las echaba en los chancros pa que se calentara la madera.
Aquella mañana
cogí mi cabás de madera, dentro del cual estaba la Enciclopedia Alvarez
(de quinta ó sexta mano), mi cuaderno, la pluma, porque escribíamos con
tinta, y no veas cómo llevábamos los dedos de azul, la pizarra con su pizarrín, las
pinturas Alpino, la goma de borrar Milán y una pinza (pa hacer una pistola y dispararle
al maestro cuando estuviera durmiendo, con bolitas de papel), y el vaso de plesiglás
pa la leche americana, que la hacían con un infiernillo de petróleo y
lo único que bebíamos eran grumos con sabor a humo, y llegué a la
Escuela de Arriba porque ese año yo iba a la Escuela de Arriba, y mira por dónde Don
Emilio era parte activa del Entierro, por lo tanto el que quisiera podía marcharse a su
casa porque aquel día no había escuela. |
La Escuela de Arriba tenía tres hilas de
pupitres, con nueve pupitres cada hila. Según entrabas por la puerta a
la izquierda lo primero que te encontrabas era el bidón de la leche, el causante de
nuestra historia, a su lao como fiel guardián el infiernillo y encima la
pota con la caceta, pa hacer la leche había
que ir a por agua o bien al caño o al bebedero de la Torre, a elegir entre los que
hicieran la leche, total iba a salir mal, con más grumos que los mis
pies cuando cogían sabañones, a la derecha las
ventanas que daban a las cuevas y entre dellas los mapas, de frente la mesa del Maestro y
a su derecha el encerao, más a su derecha una librería, continuando a nuestra mano
izquierda más ventanas y un patio con yerba donde la pastaba un macho de no se quién,
pero que nos hacía compañía.
La mesa de los más listos era la del lao izquierdo y esa era la hila de
los más sabiondos, en esa estaba yo, con Mani en la misma mesa, la primera la ocupaban
Anibal Peñín y Luís Sardino, y en la hila de la derecha en primera
plana allí estaba Luís El Capador que tenía siempre la mano izquierda atada con un dogal
pa que escribiera con la derecha, al final ha hecho lo que le ha salido de los cataplines,
¡¡viva la libertad!!, y empezó la clase, Doña Carmen nos apercibió de que fuéramos
buenos, eso no hacía falta, si éramos todos unos cuitadines, la mañana
transcurrió más o menos bien.
Y llegó la
tarde, tarde ordálica, vino la hora de ir a mear, entre las 4 y las 4 y cuarto (los
relojes de entonces nada más tenían hasta las 12, ahora tienen hasta las 24) cerramos la
puerta de la escuela y dejamos a Toño de guipador por si venía Doña
Carmen, y empezó el atraco al bidón de la leche, era de cartón piedra y dentro había
una bolsa de plástico con 50 kg. de leche en polvo, primero empezamos con cucuruchus,
luego vasos, la caceta, las manos abiertas, en los fardeles,
teníamos todos unas foceras además de estar todos enfoscaos,
teníamos la cara como los geishos del kabuki,
y sonó la voz de alarma, ¡¡Doña Carmen, Doña Carmen!!, cuando entró todos estábamos
con la cabeza a modo del pensador, pero Milio Coscarón que no se había enterao cuando
entró Doña Carmen, lo pilló con unas tizas de colorines y le dijo "¿qué haces
Emilio?" y le contestó, "es que iba a asar estas castañas", no dijo nada
y se fue. Estábamos todos implaos de polvos y por las cuevas y los ventanos,
gomitábamos de aquel empaste que nos habíamos metido en la petrina
y que no sé cómo no nos pasó nada más.
Y llegó el día
después apareciendo Don Emilio, cuando llegó la hora de la leche, dijo, "¿quienes
van a tomar leche?", 5 ó 6, bueno ala, a preparar, y cuando llega el momento de
hacer la leche, el cocinero dijo, "no hay polvos Don Emilio", y contestó
"pero cómo si encetamos el bidón hace 3 días", y fue a mirar
y vio el bidón vacío y el reguero de polvo a las mesas, como si fuéramos Pulgarcitos, y
empezó el tercer grado y llegó a nosotros, vaya si llegó. Comenzó la ordalía
germánica y nuestros culos fueron prestos a recibir tres tandas de tres mimbrazos cada
una, pero entonces no lo sabíamos, porque pensábamos que con la primera era bastante,
cuando nos dijo "eh, volver, volver y volver" (no sé si la ranchera de Vicente
Fernández es por ésto porque él no estuvo allí), así es que se hizo la cuerda de
condenaos entre las hilas 1 y 2 y allí en peregrinaje cular llegábamos
hasta el ara que había formao en el atril de su mesa y con aquella bara de mimbre, nos
hizo polvo.
Pero como en
todos los motines tiene que haber un chivo expiatorio, en este nuestro caso le tocó a
Gabriel Cos, que lo hicimos responsable de nuestros males y le dimos tres güipas
y dos sornabirones que le hicimos polvo la mamola y los morros
y hasta le movimos un canero de la celpa que le dimos, y
al día siguiente cuando Don Emilio le preguntó qué le había pasao, le dijo que se
había dao un coscorrón con la entera de la puerta, pero no se lo creyó
y acabó sacándole lo de la celpa, así es que volvimos
otra vez a probar la mimbre los mismos cuitadines.
LA JARCA DE LOS
CUITAOS
Mundo Chorizo,
Aníbal el Chuperlín, Luís el Panadero, Milio Coscarón, Nemesio Tórtolo, Chago
Padinete, Cuqui el Guarnicionero, Paco el Panadero, Manolo Fideo, Vicente Gualdión,
Torino el Guarnicionero, Manolo Mikis, Luís Puta, Luís El Capador, Toño Molina (e.p.d),
Nardi Ponzoña, Jaci Panuchi, Sergio de Magín, Magín Bomba, Eduardo Chorizo,
Toño Bolita, Vicente Viñedo, Tijerina, ... hay más pero no me acuerdo de
ellos. Mundo Chorizo,
Aníbal el Chuperlín, Luís el Panadero, Milio Coscarón, Nemesio Tórtolo, Chago
Padinete, Cuqui el Guarnicionero, Paco el Panadero, Manolo Fideo, Vicente Gualdión,
Torino el Guarnicionero, Manolo Mikis, Luís Puta, Luís El Capador, Toño Molina (e.p.d),
Nardi Ponzoña, Jaci Panuchi, Sergio de Magín, Magín Bomba, Eduardo Chorizo,
Toño Bolita, Vicente Viñedo, Tijerina, ... hay más pero no me acuerdo de
ellos.
Camaradas de
galeras os deseo a todos "salut y força al canut", cuando nos veamos volveremos
a recordar este y otros episodios de nuestra maravillosa niñez. VIVA
ALIJA Y LA GENTE CON CASTA |