El Bidón de Leche
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Atraco al Bidón de la Leche 09/Noviembre/2006 - 23:11
     quel invierno venía como eran entonces las estaciones, se expresaba con la fuerza propia de su condición, era puntual a la cita, apareciendo en su momento exacto, marcó en toda la chavalería de nuestra época una impronta que nosotros en ese tiempo no podíamos ni sabíamos apreciar por nuestra propia simpleza e ignorancia, al carecer de la instrucción y el conocimiento necesario a su presencia, lo que sí nos hacía percibir de forma física e instintiva era su poderosa arribada, y con aquel silencio estruendoso nos lo mostraba a través de aquellos días más cortos, el cielo sin alegría, nubes amenazantes, el sol escondiéndose detrás dellas y hasta el río y los regueros que hasta entonces habían mostrado sus corrientes y movimientos de agua alegre y cristalina se había vuelto turbia y arisca, negándose a mostrarnos sus fondos.

     Había llegao el frío a esgalla, los turones que eran capaces de hacer que las vertientes de los tejaos presentaran a nuestros ojos unos espléndidos chupiteles escolingando como aquellos maravillosos chupos que las chuperas nos traían en El Cristo y la Fiesta, con aquellos colorines chillones y llamativos que parecían el anuncio de una barbería, pues bien, allí debajo de los tejaos y mirando hacia ellos nos poníamos con la boca abierta como los gurriatos en la época de cría a la espera de que se deslieran y comenzaran a gotear su composición hacía nuestra boca y entonces se desbocaba nuestra imaginación hacia manjares deseados y empezaba a manifestarse a través de nuestras palabras con comentarios tales como "este sabe a chambi, este sabe a turrón, pues este sabe a jamón, el mío sabe a sopas de ajo", ¡¡vamos, anda ya!! y se rompía el encanto, nos has jeringao la imaginación, ¡¡vámonos!!, bendita imaginación la de los niños y nosotros sí que teníamos y mucha.

     Estos chupiteles en forma de estalactitas efímeras nos indicaban además de beber su contenido y admirar sus formas nos estaban vociando que la noche había sido muy dura al relente, esta misma impresión nos era revelada en el reguero o las cunetas, abundantes en mi niñez y que habiendo tenido la noche anterior agua en su regato, amanecían con unos hermosos carámbanos de fuerte espesor y nosotros los buscábamos con avidez, esas zonas umbrías y largas, ya que en ellas la duración del carámbano era prácticamente igual al de la estación, y sobre aquel lecho cristalino que en el nada veíamos virtudes a través de su transparencia, humedad y resistencia, haríamos uno de nuestros juguetes preferidos, porque nosotros nos hacíamos nuestros juguetes y formas de entretenernos, este era de los mejores, la resbaleta, era maravilloso, no teníamos problemas, cada noche regeneraba su firme y nosotros lo único que hacíamos era jugar, disfrutar y divertirnos,  una carrerilla fuera y entrada en el carámbano para deslizarnos a lo largo del reguero hasta donde nuestro impulso nos llevara, y en medio de todo ello piruetas y riesgos pa demostrar nuestra ¿hombría?, no, era nuestra inconsciencia, pero nunca pasó nada grave, pancuazos en cada sesión de calidad y cantidad, cada uno llevábamos una talega, estornicones y algún escalabro,  y  también disfrutaba de nuestras resbaletas las chavalas, aquellas galanas maravillosas de ojos grandes de ojos grandes y negros como cajas de betún, pelo suelto, en trenza o en coleta, cuerpos esbeltos y palabras encantadoras, de la resbaleta nos íbamos todos juntos, tras una soba a resbalar, también teníamos resbaletas en la cagüergana y sobre las cuevas en zona de yerba y musgo, en zonas con fuerte pendiente, pero las más apreciadas eran las de hielo.

     Aquella mañana las campanas tocaban a muerto, pero no por ello el avisador infalible que era el reloj de la Iglesia de Arriba estaba eximido de su actuación, y cuando llegó su hora, lo hizo, y yo que estaba en la cama sabía que llegaba mi hora de levantarme y empezaba el sainete diario. "¡¡Mundico, anda hijo levántate que ya son las 9 y cuarto, dormitón!!", y yo vuelta pal otro lao, en aquellos colchones de lana mullida, que me hundía en el centro como si fuera una sima donde esconderme pa que no me vieran, allí bien acochao, así no tendría que ir a la escuela, pero ojo que también he dormido en colchones de hoja de maíz y estos si que son escandalosos, cada vez que te rebulles parece que están contigo el calambrias de Mike Jagger y los Rollings Stones tocando su Brown Sugar de la bulla que se forma, volviendo a la llamada, "¡¡Mundico venga levántate que ya son las 9 y media y llegas tarde a la escuela!!", y en ese momento te quitan el cobertor, ¡¡uuuuuuuuuuuffffffffffffffffffff!!, que frío y empiezaba a espurrirme y me bajaba y cuando llegaba a la portalina y veía el caldero con el carámbano entonces ya me metía en la cocina de horno y con la cazeta sacaba del pote un poco de agua caliente y la echaba en la palancana. Os voy a decir una cosa, pero no se lo digáis a naide, yo en este tiempo me lavaba como los gatos, eso sí, la pastilla de jabón lagarto la mojaba pa que la vieran, me peinaba y tiraba el agua, con las tenazas cogía unas brasas y las echaba en los chancros pa que se calentara la madera.

     Aquella mañana cogí mi cabás de madera, dentro del cual estaba la Enciclopedia Alvarez (de quinta ó sexta mano), mi cuaderno, la pluma, porque escribíamos con tinta, y no veas cómo llevábamos los dedos de azul, la pizarra con su pizarrín, las pinturas Alpino, la goma de borrar Milán y una pinza (pa hacer una pistola y dispararle al maestro cuando estuviera durmiendo, con bolitas de papel), y el vaso de plesiglás pa la leche americana, que la hacían con un infiernillo de petróleo y lo único que bebíamos eran grumos con sabor a humo, y llegué a la Escuela de Arriba porque ese año yo iba a la Escuela de Arriba, y mira por dónde Don Emilio era parte activa del Entierro, por lo tanto el que quisiera podía marcharse a su casa porque aquel día no había escuela.

     La Escuela de Arriba tenía tres hilas de pupitres, con nueve pupitres cada hila. Según entrabas por la puerta a la izquierda lo primero que te encontrabas era el bidón de la leche, el causante de nuestra historia, a su lao como fiel guardián el infiernillo y encima la pota con la caceta, pa hacer la leche había que ir a por agua o bien al caño o al bebedero de la Torre, a elegir entre los que hicieran la leche, total iba a salir mal, con más grumos que los mis pies cuando cogían sabañones, a la derecha las ventanas que daban a las cuevas y entre dellas los mapas, de frente la mesa del Maestro y a su derecha el encerao, más a su derecha una librería, continuando a nuestra mano izquierda más ventanas y un patio con yerba donde la pastaba un macho de no se quién, pero que nos hacía compañía.

     La mesa de los más listos era la del lao izquierdo y esa era la hila de los más sabiondos, en esa estaba yo, con Mani en la misma mesa, la primera la ocupaban Anibal Peñín y Luís Sardino, y en la hila de la derecha en primera plana allí estaba Luís El Capador que tenía siempre la mano izquierda atada con un dogal pa que escribiera con la derecha, al final ha hecho lo que le ha salido de los cataplines, ¡¡viva la libertad!!, y empezó la clase, Doña Carmen nos apercibió de que fuéramos buenos, eso no hacía falta, si éramos todos unos cuitadines, la mañana transcurrió más o menos bien.

     Y llegó la tarde, tarde ordálica, vino la hora de ir a mear, entre las 4 y las 4 y cuarto (los relojes de entonces nada más tenían hasta las 12, ahora tienen hasta las 24) cerramos la puerta de la escuela y dejamos a Toño de guipador por si venía Doña Carmen, y empezó el atraco al bidón de la leche, era de cartón piedra y dentro había una bolsa de plástico con 50 kg. de leche en polvo, primero empezamos con cucuruchus, luego vasos, la caceta, las manos abiertas, en los fardeles, teníamos todos unas foceras además de estar todos enfoscaos, teníamos la cara como los geishos del kabuki, y sonó la voz de alarma, ¡¡Doña Carmen, Doña Carmen!!, cuando entró todos estábamos con la cabeza a modo del pensador, pero Milio Coscarón que no se había enterao cuando entró Doña Carmen, lo pilló con unas tizas de colorines y le dijo "¿qué haces Emilio?" y le contestó, "es que iba a asar estas castañas", no dijo nada y se fue. Estábamos todos implaos de polvos y por las cuevas y los ventanos, gomitábamos de aquel empaste que nos habíamos metido en la petrina y que no sé cómo no nos pasó nada más.

     Y llegó el día después apareciendo Don Emilio, cuando llegó la hora de la leche, dijo, "¿quienes van a tomar leche?", 5 ó 6, bueno ala, a preparar, y cuando llega el momento de hacer la leche, el cocinero dijo, "no hay polvos Don Emilio", y contestó "pero cómo si encetamos el bidón hace 3 días", y fue a mirar y vio el bidón vacío y el reguero de polvo a las mesas, como si fuéramos Pulgarcitos, y empezó el tercer grado y llegó a nosotros, vaya si llegó. Comenzó la ordalía germánica y nuestros culos fueron prestos a recibir tres tandas de tres mimbrazos cada una, pero entonces no lo sabíamos, porque pensábamos que con la primera era bastante, cuando nos dijo "eh, volver, volver y volver" (no sé si la ranchera de Vicente Fernández es por ésto porque él no estuvo allí), así es que se hizo la cuerda de condenaos entre las hilas 1 y 2 y allí en peregrinaje cular llegábamos hasta el ara que había formao en el atril de su mesa y con aquella bara de mimbre, nos hizo polvo.

     Pero como en todos los motines tiene que haber un chivo expiatorio, en este nuestro caso le tocó a Gabriel Cos, que lo hicimos responsable de nuestros males y le dimos tres güipas y dos sornabirones que le hicimos polvo la mamola y los morros y hasta le movimos un canero de la celpa que le dimos, y al día siguiente cuando Don Emilio le preguntó qué le había pasao, le dijo que se había dao un coscorrón con la entera de la puerta, pero no se lo creyó y acabó sacándole lo de la celpa, así es que volvimos otra vez a probar la mimbre los mismos cuitadines.

LA JARCA DE LOS CUITAOS

Mundo Chorizo, Aníbal el Chuperlín, Luís el Panadero, Milio Coscarón, Nemesio Tórtolo, Chago Padinete, Cuqui el Guarnicionero, Paco el Panadero, Manolo Fideo, Vicente Gualdión, Torino el Guarnicionero, Manolo Mikis, Luís Puta, Luís El Capador, Toño Molina (e.p.d), Nardi Ponzoña, Jaci  Panuchi,  Sergio de Magín, Magín Bomba, Eduardo Chorizo, Toño Bolita, Vicente Viñedo, Tijerina, ... hay más pero no me acuerdo de ellos. Mundo Chorizo, Aníbal el Chuperlín, Luís el Panadero, Milio Coscarón, Nemesio Tórtolo, Chago Padinete, Cuqui el Guarnicionero, Paco el Panadero, Manolo Fideo, Vicente Gualdión, Torino el Guarnicionero, Manolo Mikis, Luís Puta, Luís El Capador, Toño Molina (e.p.d), Nardi Ponzoña, Jaci  Panuchi,  Sergio de Magín, Magín Bomba, Eduardo Chorizo, Toño Bolita, Vicente Viñedo, Tijerina, ... hay más pero no me acuerdo de ellos.

     Camaradas de galeras os deseo a todos "salut y força al canut", cuando nos veamos volveremos a recordar este y otros episodios de nuestra maravillosa niñez.

VIVA ALIJA Y LA GENTE CON CASTA

 

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