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En este apartado que titulamos -conjuntamente yo y Blas- La Cocina de Horno, pondremos recetas de cocina de la nuestra tierra y de las que nos acogen o nos han acogido en cualquier momento de nuestro peregrinar por esta vida. Las gentes de Alija son bien nacidas y por lo tanto es justo que hagamos bueno el refrán español que dice que es de bien nacidos ser agradecidos, y como no se concibe la comida sin la bebida, también la habrá. La cocina de horno, lugar donde nuestros ancestros le dieron forma a nuestras comidas, ésta era el ara donde se hacía el fuego al suelo, allí aquel yerro curvao envolvía las brasas y junto a ellas se ponía el pote, aquel pote del 4 y medio, que no era un calibre de escopeta u otra arma, sinó la capacidad que tenía de albergar comida, a fuego lento se hacía y se trababa lo que dentro del se ponía, era además nuestra cocina de horno, el lugar donde se masaba y se hacía el pan, aquellas hogazas bien entradas en harina que se desparramaba en la masera con generosidad y que luego eran cocidas en el horno, bien arrodao, de allí salía el pan pa unos cuantos días, y las margaritas ó las flores, los mazapanes, las tortas en día de amasar y los dulces propios de la zona, cuyas bases eran huevos, harina y aceite, trabajaos de diferentes formas, también era el lugar donde se curaba la matanza. El tiempo y la modernidad la fueron dejando como algo arcaico, primero fué la cocina de chapa con su carbón piedra, a ésta le sucedió el butano y su rapidez en hacer comidas como consecuencia dello cada vez mimamos menos nuestras comidas, y al butano le están sucediendo las vitrocéramicas y las comidas precocinadas, a éstas les sucederan los chisqueros y los infiernillos pa calentar las habas, el pestorejo, el cacho de tocino nuevo y el cacho de chorizo sabadiego que vendrán en un tubo de limpiarse los caneros y que como seamos berzas nos harán creer que estamos comiendo manjares de los grandes fogones de estos mamelucos que tanto abundan en estos tiempos. Yo me niego a olvidar la cocina de horno, sus lumbres, sus humos, sus taburetes en torno a las brasas, aquellas historias de nuestros mayores a los que yo veía como gigantes del saber y que escuchaba con devoción y admiración, donde la prisa era algo que no se tenía en cuenta, la comida apartada a aquellas tarteras de pirigüela, y puesta encima de una mesa, en torno a la cual se hacia el corro, el patriarca cogia el cuchillo de cortar el pan y la hogaza y iba preguntando como lo quieres ¿al curruscu ó a la larga?, esto era lo único que te dejaban escojer, en nuestra mano izquierda el pan, la cuchar en la mano derecha, entrábamos todos a consumir lo que hubiera en la misma, si se caía el pan al suelo era cogido con respeto y besao, la bebida para los menores era agua de la barrila ó del botijo, para los mayores el vino de la cueva y sobre todo cada comida era una reunión familiar, sí señor, una REUNION FAMILIAR. Yo que soy de cultura gorrinera, y mira que me lo tiene dicho el ornitólogo, Mundo que tienes que comer como los pájaros, yo le contesto, mire Usted, los que semos de raza gorrinera por mucho que lo intentemos, bajar un kilo nos cuesta mucho sacrificio, y recuperar dos, es de lo más fácil, y además, ahora que puedo comer ¿porqué me lo prohibe?, si yo no quiero ser un cachitas ni una barbi, quiero ser lo que soy, yo que pasé mucha necesidad en mi niñez, que comí mucho pan untao con tocino, que cierraba los ojos y me imaginaba que estaba comiendo un bautizo, ahora intento comer de la misma manera que entonces no podía. |
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