La Navidad
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La Navidad 01/Diciembre/2006 - 10:26
     olvía Diciembre, por las calles embarradas del pueblo comenzaba el goteo de rapazas(es) procedentes de sus casas y con destino a la Escuela, oíamos de nuestros mayores a modo de despedida, anda agudico que llegas tarde, se esperaba la llegada del amigo pa ir juntos, pertrechaos con el cabás y con todos los telares de la escuela dentro, el vaso de plesiglás, el pasamontañas que cuando acezabas salía un vapor igual o parecido al de las máquinas que pasaban por el apeadero de Saludes todas las mañanas y tardes de cada día, pero que nos quitaba el frío, nuestros jerseis de lana cruda y zurcida por nuestras abuelas con la rueca y el huso y que picaban los condenaos, sobre todo en la parte de las gorjas, como el pelujo que nos echábamos en la espalda en la época del verano allá en la carretera la Vizana, menos mal que llevábamos camisa de manga larga, los pantalones de pana lisa remendaos en las rodillas y si habías crecido un poco, cortos, los calcetines de lana de la misma que el jersey y los chancros, con piso de madera reforzaos en su base por herraduras o una plantilla de goma de algún neumático viejo clavada. También había botas cachiuscas que las solíamos llevar algunos de nosotros.

     ¿Y las chavalas?, hay las chavalas, aquello era otro mundo, con sus zapatillas de pom-pom y sus galochas, aquellos movimientos seductores, ¿habrían visto a Marilyn en su paseo por el andén hasta el Wagon Lits en "con faldas y a lo loco"?, o ¿quizás Billy Wilder estuvo en nuestro pueblo y no nos hemos enterao?, además nuestras, si digo nuestras compañeras y con propiedad, llevaban con ese garbo y poderío aquellas faldas plisadas, aquellas blusas, y sobre sus hombros las toquillas o abrigos, ya despuntaban lo que hoy son, unas señoras de calidad, porque tenían claro que había que ir vestidas de mujeres, y sin farrapos, entretanto los chicos si había abrigo o gabán, si no a pelote, de guantes nada, así llegábamos a la puerta de la Escuela, aterecidos y formábamos corro a la espera del Señor o Señora Maestra(o), y que educación tan refinada teníamos, cuando llegaban, empiezaba la cantinela al unísono y que parecía el cántico de la lotería por los niños aquellos.

     Buenos días tenga Vd. Dª Vitorina, Dª Carmen, Dª Lucinda, Dª Elvira, D. Moisés ó D. Emilio, dependiendo quién fuera, referente al orden, no son por mi parte preferencias, de todos ellos guardo un recuerdo imborrable y respetuoso. Si por el camino veías a D. Salustiano, que era el Cura, allá que íbamos todos a besarle la mano derecha. Y por supuesto en las aceras el lao noble lo dejábamos a la gente de respeto que para nosotros eran todos, exceptuando nosotros mismos, ya seríamos cochos, algún día tendríamos derechos. Hasta entonces brincaríamos por encima de la cuneta a las roderas de los carros y volveríamos a la acera de otro brinco una vez hubiera pasao la persona respetada, las reglas de urbanidad puestas en práctica.

     Este era un día especial, ya estábamos urdiendo lo que haríamos en las vacaciones de la Navidad, pero una cosa era lo que nosotros urdíamos y otra la que nos tenían preparada nuestros mayores, en todos los sitios la conversación fue la misma, hasta jugando al tanguillo y a las cartetas no se nos fue de la cabeza. Las chicas por su parte estaban en lo mismo, ellas jugaban a la comba y a la chinga, en la Escuela estábamos vigilaos y procurábamos no juntarnos, no había mala fe, ni maldad en nuestros comportamientos, eran tonterías de rapaces(as), de ahí no pasábamos.

     La Navidad, ¿que guardas de hermoso en tu celebración que tanto me seduces?. Haríamos el Nacimiento de la Iglesia de Arriba, iríamos a por céspedes a la cuesta o a los ventanos, pa ponerlo debajo de las figuras y casi nunca se tendrían en cuenta nuestras opiniones, nosotros éramos los chavales de los recaos, todos nos mandaban, fueran o no de la familia, y nosotros no rehuíamos la demanda por si caía algo de la misma, que la mayoría de las veces era así, estábamos casi siempre a lises.

     Iríamos a las resbaletas, y jugaríamos a manro, cuando llegara la noche chiscaríamos una lumbre, nos chamuscaríamos y evitaríamos aburarnos y allí si procedía fumaríamos fumarros caseros, hechos de papel de estraza y grana de tomillo sanjuanero, aquello tiraba de las bolitas en cada calada, llegando hasta la nuez, no había poblema de que nos golieran la boca, el frío te despabilaba en poco tiempo, al final notarían que habíamos estao en la lumbre por el olor a humo que llevábamos y porque iríamos todos encisnaos, allí estábamos todos barajaos, chicos y chicas, jugábamos a la esconderita o al cinto por trás, que te daban unos bergajazos, que no venían mal porque calentaban, aunque nuestro amor propio se resintiera.

     También iríamos a los coches de Ramos y Vivas, pa aprovisionarnos de perras pa las fiestas, y de paso en la carretera en el bar de mi tío, que tenía un ujero en la pared y que cuando metías el dedo daba calambria, allí nos poníamos una hila y nos pegaba un estacazo de 125 voltios, algunas veces jeringábamos la luz, porque saltaban los plomos así es que tenía que venir Belarmino y lo arreglaba sin restolar, yo no entendía a este buen hombre, porque nunca rezungaba ni nos decía nada, eso que sabía que éramos nosotros los que habíamos esfandangao la luz.

     Llegabas a casa a cenar, ibas todo amollecido, bien de pies ó de cuerpo, y a ciscoliar un poco a ver si encontrabas algo interesante en los vasales o en la mosquera, luego te ponías al brasero y entonces se producía el milagro inexplicable de criar unas hermosas cabras, que las muy condenadas había que rascarlas, pero no daban leche por más que las estrujaras.

     ¿Cuándo empiezaba la Navidad?, el punto de partida era siempre el mismo, el día que en la calle y procedente de las arradios, el que la tenía, la ponía bien fuerte pa que se oyera, el sorteo de lotería, ese era el chispazo, setentaysietemilnovecientoscincuentaaaa, quincemil pesetas, docemiltrescientosuno, quincemil pesetas, dosmilcuarentaitres, quincemil pesetas, veintiunamildoce, un millón de pesetas, veintiunmildoce, un millón de pesetas. Jobar, que suerte, un millón de rubias.

     La arradio, con aquellos espiquers que nos hacían vuelar con su zalamería y verbo fácil, que a todos nos seducían, no eran zarabetos, no, ni decían palabras soeces, y aquellas comedías que echaban en la arradio, que podían durar años, y que cada vez era más complicao, pero que los que estaban alrededor de la lumbre rosnaban como si fuera verdad, y a las 10 el parte, pa volver a reencontrarnos con el pograma, es el colacao alimento ideal, lo toma el ciclista se hace el amo de la pista, si lo toma el boxeador golpea ques un primor, pom pom pom y continuaba........

     Era la época de los aguinaldos, había que ir disimuladamente a casa del padrino, el abuelo, el tío, cualquiera era bueno a nuestra vista y a nuestros intereses, aparecías como si fuera una casualidad, y allí te estaban esperando con alegría y con el aguinaldo, bendita tradición. Y también era el tiempo de los villancicos, que eran canciones de niños(as) y mujeres:

pastores venid, pastores llegad,
adorar al niño, adorar al niño
canacido ya, canacido ya
la Virgen, San Jose y el Niño
trempanico esta mañana
cruzaron el río mi pueblo
por el puente la Vizana

y acababa con

la Iglesian de San Esteban
está en el barrio de Arriba
mu cerquita de las cuevas
y de casa de mi tía
Pastores venid, pastores llegad, ...

y seguía y seguía y continuaba con motivos de la Sagrada Familia y nuestro pueblo, cantao por voces blancas desentonadas y acompañadas de una pandereta y una zambomba que se hacía con la vejiga del cocho, después de haber jugao al furbol con ella, que por esas fechas había acabao sus días en un banquillo, escoltao y sujetao por toda la familia y amigos pa que no se rebullera mucho, aunque gritaba el condenao porque conocía el final, pero eso será otra historia.

     Llegaba el día de Nochebuena, ese día la cena sería especial y comeríamos turrón y empiezaba el dilema, ¿turrón duro ó blando?, como los abuelos no tenían caneros pa roer, pues turrón blando, hala vete a casa del Sr. Paco, Sra. Luz-Sr.Lucricio, Sr. Manuel y que te dé media libra de turrón blando, unas rosquillas y una libra de azúcar. Y pallá, la vuelta era maravillosa, goliendo el envoltorio que desprendía unos aromas incitativos a fugarte con ellos, la boca te se hacía agua, entregaba el mandao y venía el recordatorio, ¿y el azúcar?, guay, me sha olvidao, otra vez pal comercio, todo el camino una libra de azúcar, una libra de azúcar, una libra de azúcar, me tropiezaba con alguien, ¿aonde vas Mundico?, mire Vd, voy a casa de ............. ¡¡hala agudico!!, y retomaba la cantinela, una libra de sal, una libra de sal, una libra de sal, y claro, ya sabéis lo que pasaba, que había hecho mal el recao. También te advertían varias veces cuando ibas al comercio o a las farmacias de Doña Rosalina o Don Germán, mira a ver si te dan un calendario, el informador infalible de las lunas, los santos, las fechas, el lugar de los peines y las horquillas, el que tenía unos motivos maravillosos, de paisajes idílicos, niños o animales preciosos, y letras resaltadas con colores que te llevaban la vista a los mismos, eran unas obras de arte que anualmente se daban cita para hacer notar su presencia y fijar la clientela. Las cenas de Nochebuena, eran habas blancas de riñón, y un pollo guisao, yo creo que nos comíamos hasta la cañuta, ponían castañas asadas y cocidas, cacauses y rosquillas o las margaritas hechas en el horno, tal vez un mazapán, pero leonés, y un trozo de turrón, pa los no iniciaos, os diré que mi ración sería más ó menos una cuarta parte de un paquete de tabaco, pero ese sería mi tesoro, solo lo golería, lo máximo le daría un lenguetazo, el día de Navidad en el Cine LIDA tenía que enseñárselo a mis amigos(as) que en justa reciprocidad ellos harían lo mismo, no había papel Albal, pero lo conservábamos, teníamos que dar ulia.

     Hoy es el día de Navidad, nos ponían de dulce, la mejor ropa, había que ir a Misa y a ver qué nos echaban en el cine, no importaba la película, nosotros hacíamos la nuestra, veias en la Iglesia a los hijos del pueblo que estaban fuera y volvían a reunirse con sus familias, irían a tomar el vermú y luego a la central del teléfono a hablar con sus novios(as) que también estaban o eran de afuera, los que tenían hermanos o familiares cercanos y habían venido, presumiríamos dellos y las historias que contaban, que casi siempre fuera se ataban los perros con longanizas pa no preocupar a los que las oían y también para sentirse superiores a los que allí vivíamos, por la tarde iríamos al cine, allí sería el momento de empiezar y acabar con el turrón que milagrosamente había llegado intacto hasta este momento, escotaríamos todos los de la pandilla una perrona cada uno y compraríamos una gasiosa manchada, y empezaba el reparto, se ponía el dedo a la altura del líquido en cada chupetón y a partir de la metá, ya no tenía fuerza así es que había que chancrullar pa dársela, pero que si quieres arroz, por si no lo sabéis churriábamos todos de la botella y nunca hubo boqueras ni nada que nos pusiera malos, que sanos éramos, claro como que nos habían vacunao en la Escuela hasta contra el pulgón, y así nos comíamos el turrón y bebíamos la gasiosa, luego iríamos al baile, bueno a la puerta, porque allí seguiríamos nuestros juegos.

     El día después del de Navidad es el de San Esteban, que en Alija también lo celebramos y algunos años traían una orquesta con una animadora, que era la luna, todos los mozos andaban detrás della, y había unas cosechas de calabazas, que si hubieran sido de cabello de ángel hubiéramos puesto una confitería como la de Conrado. Y los chavales/as hacíamos lo mismo, con ligeras diferiencias.

     Ya estamos metidos en Novena, por las noches después de todo lo que hubiéramos hecho durante el día, era obligatorio ir a la Novena del Niño, que como todos sabemos se celebraba en la Iglesia de Arriba, allí los mozos cantaban unas canciones preciosas, a mi la que más me gustaba era el Reinarás, y me han dejao frustrao porque nunca me la dejaron cantar, pero la verdad es que yo soy muy malo cantando, eso sí, cantábamos los villancicos.

     El día de Año Nuevo, otra vez de dulce, y esta vez a la Iglesia de Arriba, allí íbamos todos prevenidos con la rubia a besar al Niño, y que no nos la quedábamos, allí la echábamos en la cesta, cuando acababa la Misa, en los soportales de la Iglesia se pasaba lista a los de la Cofradía, así luego los que no estaban no los multaban, pero bueno guardaban las formas, y otra vez la música y la animadora, y más calabazas vuelando por las calles, el baile se hacia en La Torre pero, estábamos en invierno y si no era la lluvia era el frío, el resultao era que los mozos tenían que hacer la pona y a escote juntaban el dinero y pal salón a continuar el baile, finalizaba el baile vermut a la hora de la comida y ésta era de fiesta, nos salíamos del ordinario, y por la tarde al cine, después a jugar al baile, por la noche ponían unas carretillas, ¡puf! que mi Tía Puris me decía que salía el Niño Jesús en una dellas, bueno ella veía santos en cada carretilla, y yo por más que miraba lo único que veía era dar vueltas y sacar unos colorines y unos fffssssssssssssssssssssssssssssssssss que junto con el olor a pólvora me siguen gustando, y mi tía la pobre me decía "¿Has visto al Niño Jesús en esta carretilla?", como no lo veía me decía que era un papón, ya tenía que decirle si ahora lo he visto, aunque yo seguía sin ver nada, pero así evitaba el mosquilón cariñoso.

     Continuaban las Navidades, el segundo día de Año Nuevo también es fiesta, porque nosotros los de Alija nos gusta la alegría, y seguía la marcha, la Cofradía del Niño que hacía una rifa pa recaudar fondos, nos tenían a los chavales de vendedores, y casi siempre era lo mismo el premio una botella de coñac DECANO, que llevaba aparejao un premio en la etiqueta, si te salía claro, te podía tocar una Vespa, a mi me gustaba más la Lambretta, y además una botella de anís La Asturiana.

     Llegó el día grande pa los chavales, Los Reyes, en aquellas remolachas forrajeras, que vaceábamos hacíamos unas ventanas y dentro metíamos una vela pa ir a esperar los Reyes que siempre venían por la carretera de Benavente en sus caballos, y se desataba la ilusión y la esperanza de que me trajeran este año la pistola que tiraba unos restralletes que abobecían al más pintao del ruido y el olor a azufre que dejaba, parecía que había estao allí el dimonio, y la culebra de mazapán con bolitas, fijaros si soy inorante, que la primera vez que vi una caja de El Caserío, la compré pensando en la culebra de mazapán, y cuando la abrí me desilusioné, aunque me comí los quesitos por el disgusto que cogí, ale, que se fastidien los que cambiaron el contenido. Lo que nos traían todos los años y de forma reiterativa que parecía un sonsonete, era un si señor y un mande usted.

     Yo que había escrito la carta a los Reyes, porque aún y aunque tengo muchos años sigo creyendo en los Reyes, total no me cobran nada, pues sigo con la ilusión, y la había echao en el buzón que había en uno de los postes de los soportales del Ayuntamiento-Cuartel de la Guardia Civil, por la noche, dejé en el balcón los zapatos con unas acederas por si los camellos tenían hambre, y cuando me levanté por la mañana, jolines, me habían vuelto a llevar el mismo avión del año anterior y la caja de la culebra, así es que me vestí, y junto con mis amigos, nos dispusimos a jugar y nos lo pasemos estupendamente, como siempre, las chicas con sus moñas preciosas, unas abrían los ojos y los cerraban, había descendido a Alija la felicidad, que se manifestaba en las sonrisas, los juegos y los gritos de los niños(as), que jugaban en la calle con sus juguetes, también había pinturas Alpino, cabases, caballos de cartón, triciclos, barcos, carantoñas, nueces y castañas.

     Y por la noche en la cama con nuestros juguetes dormíamos pensando que se acababa la Navidad, la pitanza, los aguinaldos, el Nacimiento, tantos días de Fiesta seguidos, la música, las carretillas, se había ido Mr. Marshall, volvía el ordinario, y con él, nosotros a la Escuela, otra vez a la Escuela, había que seguir urdiéndola y nos adelantamos a un ilustre músico, "show must go on" y vaya si seguía, como veréis.

FELICES NAVIDADES
SALUD, PAZ Y BIENESTAR A TODOS
AVIV ALIJA Y AL ETNEG NOC ATSAC

 

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