ue cerquina andaba ya el domingo ó cualquier otro día de fiesta, y
dende la última granizada de cantos habida entre el rapacerío de ambos
pueblos, ardían los deseos de retomar el desafio onde había quedao la
última vez.
¿Quién habría ganao?
En el último pedrisco y en el descanso que se hizo pa rebuscar y
amontonar cantos, ibanos empataos a 12 cuqueros, 3 escalabraos, un
esmorniao y dos abobecidos, teniendo en cuenta el recuento de los
achisbadores del fragoneo cruzao, los moqueros anudaos a las nuestras
gorjas distinguian los ilesos de los esfandagaos, cuando llegara el su
momento el moquero cambiaría de lugar, acudiendo a taponar el resultao
del beso de la piedra, porqué las piedras besaban, !! oñó !! que
besazos más sonoros y apretujaos daban, detrás del besín en las
nuestras cabezas (porquéra la cabeza lo que más se buscaba) quedábanos
truenaos y empiezaban a esquilar en la nuestra cabeza, detrás deste
toque aparecía la bandada de vencejos ó pardales que andaban enredando
al corro de la patata enrededor della, por más que alargábanos la mano
no pillemos nunca ninguno, los ojos hacian chirivitas como las
bolinas de anis, con una telina blanca que parecíanos una tenca a punto
de goler, quedábanos abobecidos un ratín, y en habiendo vuelto en sí
con el cadajón que nos ponían en la nariz, volvíanos enseguida a
retomar los cantos y formar parte del fragor del desafío, el achisbador
nos recordaba nuestro deber, la pasión, la lealtad y el compromiso
a los nuestros compañeros de sitio sencargaban de lo demás, como si
tuvieran dao cuerda, con más ardor y arrojo quendenantes volvías a
la yera.
Con estos recuerdos los lebreles de ambos bandos estábanos
urdiendo en la escuela el prósimo encuentro, esta vez no habría empate,
decíanos los rapaces dambos pueblos, este domingo tendrán que
llevarlos al su pueblo en carros, menudos carraos que van a llevar porqué
les vamos a dar una somanta de cantazos que va a parecer aquello la
batalla de Baterlú, de tanta baja cumu van a tener, y tanto canto como
les vamos hacer engullir, este era más ó menos el pensamiento dambos
bandos, luego sesfandangaría todo y saldría dotra manera, porqué los
rivales ni eran fatos ni mucho menos usaban el principio gallinero
(soldao cuye vale pa otra guerra), allí todos aguantábanos hasta el
final.
El guante desafiador iva y venía dún pueblo a otro precísamente
en un carro, un carro que curiósamente iba cargao de talegas con ogazas
de pan, bregao y candeal, costales con harina y alguna que otra torta
con azúcar por encima, las otras tortas no se sabe donde iban, pero
iban, yel correo era Nano, si Nano el panadero, que nos ponía por su
medio en contacto a unos y a otros, que nos daba calambria, inflamaba
los ánimos y nos embiscaba en uno y otro lugar, era tanta la
impaciencia, andaríanos ya en vísperas porquén las nuestras casas lo
notaban y oías como hablaban entredellos (los nuestros padres),
"¡¡que
les pasará a los rapaces que parece como si tuvieran los cocos voleros!!,
¿les habrá sentao algo mal?", la gasolina del Piva y los chisqueros
no era tan inflamable como los nuestros ánimos, era el correo del zar (de los zar-zaquemaos) el que había fijao día y hora, domingo a la hora
de las cinco, en la cuesta de Comonte, rebatina de peladillas, que no senteren los nuestro padres porqué lo más seguro es que
acabaremos no solo escalabraos sinó con los lomos y los cadriles
medidos por la cincha, el dogal y con 4 ó 5 sornabirones y güipas por
cabeza, desta manera iríanos a la cama calientes, y no era esta
la nuestra intención, pensábanos igual en Alija quen Comonte, porqué
los nuestros padres eran iguales en los dos pueblos y si tenían que
intercambiarse los rapaces pazufrarles, no les importaba, competirían
entredellos paver quién había arreao más, ¡¡menudos eran los
calafates!!. Jobar los rapaces de la mi época nunca tuvimos
derechos, todos nos mandaban, y todos nos daban la "propina"
si protestabas, la respuesta era "¡¡algo habrás hecho, toma otro mosquilón,
rezungón, queres un rezungón!!", semos la generación de los obedientes,
mecagüendiez ya estoy hasta la minga de tanto ¡¡si señor y mande
Usted!!, protesto.
Así es que toda la semana habíanos andao afinando la puntería,
a sobaquillo llegábanos más pero perdíanos punteria, las jícaras y
las bombillas de 25 wáteres que alumbraban las calles daban fé del
nuestro entrenamiento, algún que otro cristal de más dún ventanuco
sufrió los nuestros ardores, las arquetas estaban bien ajustadas, las
gomas reforzadas con gordón del 7, las ondas con la pelleja bien
engrasada (como decíanos en mi niñez ¿con que mató Cain a Abel?
y contestábanos, con una amoto, ¡¡ala!!, si fué con una onda,
nosotros añadianos que no valía decir la marca).
Aquello acababa
tomando forma, algunos propuson acolchar un orinal pa ponérselo
en la cabeza, pero eso era un signo de cobardía y miedo, había quir a
pelote quera como siempre habían sido estos duelos, además los oplitas
cuando iban a la guerra iban encarnetas, no íbanos nosotros a ser
menos, y encima teníanos que presumir de cuquero delante de las
rapazas, si es que teníanos la suerte de cabecear alguna piedra, porqué
claro tú presumías dun cuquero pero al contrario le habías hecho dos
por lo menos, así que 2 a 1 a mi favor, ese sería el comentario, había
que alcanzar el estatus de escalabrau en defensa de la raya.
Por fín llegaba el día de autos, concentración en el cine, allí
habíanos llegao con más puntualidá que a la escuela todo el
rapacerío, ni en los bautizos habíanos tantos y eso que aquí no había
rebatina, naide quería perdérselo, aver que ibas a contar sinó habías
estao en la cuesta, desta manera salía la confradía hacía el campo de
batalla, ánimos exultantes. Si algún mayor preguntaba ¿adonde vás
Mundico? pues mire, vamos a almendrucus y a juegar al fúrgol a
las eras de Zaniego, había que despistar, siban a enterar los de
Comonte.
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Cuando trasponíanos la cumbre de la cuesta del caserío allí
estaban, aquello no era la fata morgana, no, no era un espejismo, eran
reales, auténticos falaganes, con sus petos altivos mostrándose
desafiantes, la jarca de Comonte vociaba sobre la cuesta, lanzando
gritos y soflamas blandiendo los sus cacharros y allí íbanos el
rapacerío de Alija con la misma disposición y los mismos telares, que
algarabía montábanos, alli se habían reunido tambien las
lagartijas y los fardachos pa ver el duelo de la cuesta y hacer las sus
apuestas, tenían el chiringuito de las apuestas debajo del peñasco que
hay cerca de la viña, allí apostaban entredellas los saltones,
melucas, arañones y grillos reales que llevaban, apostaban a todo, al
primer cuquero, al primer esmorniao, la primera reculada y sobre todo al
ganador final, quera lo que más pagaba, la segunda vez que hubo
batalla, una abubilla de Verdenosa que jugó al empate se llevó todo el
fardel y quebró la banca, menudo torzón que cojió, dende entonces y
como era el resultao que más se daba no ganaban mucho, pero hacían un
colorido y un bulto del duelo, supremo.
Así es que después de saludarnos (porquéso sí,
nosotros teníanos mucho farplai en ambos pueblos, eso lo habianos visto
en el nodo, no sabíanos lo que significaba pero quedaba mu bien,
le daba mucho lustre al duelo) y rezar el responso pa que San
Barreno (todos llevábanos un escapulario suyo) nos protegiera, después
desto nos afanábanos en hacer el correspondiente rebusco de cantos y
piedras (además de las que llevávanos en el bolso ya
"modelo chinga planina" que eran superiores, del calibre
"puñoparabellum"), y poniéndonos un bando del otro a
103 pasos, los dos achisbadores daban la orden de ¡¡preparaos, listos
ya, canto!! y empiezaban a vuelar los cantos dún lao pal otro, ¡¡toma
cantazo infiel!!, ¡¡ahí va una peladilla melón!!, ¡¡uy esta ha pasao
de refilón, sinó magacho mesmornia!!, ¡¡mira que pancuazo shadao ese!!,
con el fragor del canterío reculaba un grupo y el otro se crecía,
cuando de pronto, decían, ¡¡un momento, un momento, parar que no
tenemos piedras pa continuar!!, ¡¡alto!!, y se paraba la refriega,
todos a hacer un montón de piedras pa remitírselas al contrario, aver
si había suerte y le hacías un cuquero aunque fuera en el cornote,
cosa muy dificil porqué allí naide daba la espalda, pero ya en esta
primera parada se veían moqueros en la frente, algunos mancaos y
estornicaos a tutiplé, la cosa iba bien, y como siempre, a la par.
Las apuestas echaban humo, y los fardachos corredores animaban a
los más roñosos a gastarse los grillos reales.
De nuevo ¡¡canto!! y vuelta a mandarnos cantazos dún lao pal
otro, ¡¡ahí va esa acedera, cómetela!!, ¡¡toma tú esta
agabanza!!, de vez en cuando ¡¡ay que mhan escalabrao!!, no seas
milindrin y sigue tirando piedras que nos van a tomar Zaniego u Comonte,
dependía de quien estuviera blandiendo la cacha, y así entre
recesos, cantazos, cuqueros, escalabros, bubas y azoramientos pasábanos
la tarde, hasta que alguien decía, ¡¡qué, ¿tenéis bastante?, pues
hasta el prósimo día!!, y antes de marcharnos los puños se crispaban
y las voces amenazantes venían a decir ¡¡ya veréis cuando os cojamos
la prósima vez, os vamos a esfarrapar vivos, os váis a enterar!!,
¡¡menuda trunda les heimos dao!!, ¡¡¿viste el cantazo que le pegué
a aquel gualdión que llevaba puesto el niqui verde?, sangraba
como los cochos!!, esa era la tertulia que llevávanos y asi llegábanos
a las nuestras casas a comernos las sopas.
Si había cuquero, había quentrar como las murias, con cuidadín
en la cocina de horno, llegando al sitio más oscuro, detrás del
caldero de los cochos paqué naide te viera y hiciera preguntas que
trajeran de nuevo un recorderis, mejor que todo quedara como
estaba ya habría tiempo pa mejorar, si estaba el patriarca más cuidadín
entavía, golia la sangre como los tiburones y no queríanos oir
aquello de ¿onde has andao enredando que tienes un cuquero en la tú
cabeza?, ¡¡uy, que cortada más grande!!, ¡¡mujer, esparrámale un
poco vinagre a este tarambana no se le vaya a infestar y tengamos que
ponerle la tetánica!!, cómo picaba el condenao, solo le faltaba echar
un puñadín de sal paquéstuviera completa la ensalada, descargada la
pregunta de sopetón, con aquellas miradas inquisitoriales y
aquellos bufidos, el trance era de zarabeto supremo, empezaría
el morse a decir mi, mi, mi, mi, mi,
mi........................................ hasta que llegaba la
ocurrencia: "!!mire.... es questuve debajo del tenao tirando del
pantalón y había un sardón escoligando, no me dí cuenta y me raspó
en la cabeza!!". Si pasaba, pasaba, sinó el tercer grado estaba
asegurao y la sentencia se ejecutaba a continuación y por el medio, mecagüen diez que siempre era condenatoria, no había piedad pa
nosotros los menesterosos, y que nos importaban todos
estos telares si habíanos esprimentao otra vez el nirvana, onde siba a
estar mejor aunque te dieran una felpa.
Y al día siguiente en el recreo volvíanos a las andadas, en los
corrillos se oía, menuda paliza que les dimos ayer a los de
............, ¡¡no pararon de correr hasta la raya!!, ¡¡jobar, marcharon
más de la metá escalabraos y la otra metá como si hubieran
visto al hombre del saco!!.
A ver Nano ¿cuando vas a Comonte?, pues
les dices que el prósimo Jueves qués fiesta y no tenemos Escuela, si les viene bien a la hora y el sitio de costumbre, ¡¡CANTAZOS A GRANEL!!, alli de nuevo volveríanos a estar, las primeras
palabras que se cruzaban en la cuesta Comonte entrambas jarcas era....
¿os acordáis de la última felpa que os dimos? corriais como los
quincetos, ¡¡ya veréis, ya veréis hoy !!, y de nuevo dale que te pego al
dengue.
VIVA
ALIJA Y LA GENTE CON CASTA |